Avances en pagos digitales en México para 2026

Tabla de contenidos


México necesita acelerar la adopción de pagos digitales

Romper el equilibrio en efectivo

  • En 2026, México Evalúa advierte una paradoja: México ya cuenta con conectividad y “rieles” de pago (SPEI, CoDi, DiMo), pero el uso cotidiano sigue por debajo de la región.
  • La brecha se ve en el indicador de adopción: en 2024, 41.4% de adultos en México usó pagos digitales vs 59% en América Latina y el Caribe.
  • El efectivo sigue siendo la opción por defecto: 95% de adultos lo usa habitualmente y 85% de compras menores a 500 pesos se pagan en efectivo.
  • La urgencia no es solo tecnológica: el reto es romper el “equilibrio en efectivo” con incentivos, aceptación amplia y confianza/seguridad.
  • México tiene bases tecnológicas y financieras para crecer en pagos digitales, pero sigue rezagado en la región.
  • Entre 2017 y 2024, el uso de pagos digitales subió de 31% a 41.4% en adultos.
  • En 2024, América Latina y el Caribe promediaron 59%: la brecha es clara.
  • El efectivo domina: 95% de adultos lo usa habitualmente y 85% de compras menores a 500 pesos se pagan en efectivo.
  • México Evalúa pide una estrategia nacional con incentivos, más aceptación, gobierno digital y confianza/seguridad.

Estado actual de los pagos digitales en México

Panorama de adopción digital en México
Cifras clave que México Evalúa usa para describir el punto de partida:

  • Conectividad: 86% de la población usa internet; 97% de esos usuarios se conectan vía smartphone.
  • Base financiera: 77% de los adultos tiene al menos un producto financiero formal (cuenta o billetera).
  • Adopción (uso en adultos): 41.4% en 2024 (vs 59% promedio regional).
  • Persistencia del efectivo: 95% de adultos lo usa habitualmente; 85% de compras < $500 se pagan en efectivo.

Contexto (agosto de 2026): México Evalúa, un think tank enfocado en evaluación de políticas públicas, llamó a acelerar la adopción de pagos digitales en el país, señalando que existen condiciones tecnológicas y financieras para avanzar, pero persiste un rezago frente a la región.

México llega a 2026 con una paradoja: cuenta con “rieles” de pago y conectividad suficientes para masificarlos, pero el uso cotidiano todavía no despega al ritmo de otros países de América Latina. México Evalúa, organización enfocada en evaluación de políticas públicas, lo sintetiza así: el rezago no se explica únicamente por el nivel de desarrollo; hay condiciones para avanzar, pero persisten frenos de comportamiento, confianza e implementación.

En infraestructura, el país dispone de sistemas que, en teoría, permiten transferencias y cobros digitales a escala. Entre ellos están SPEI (transferencias interbancarias), CoDi (cobro digital) y DiMo (pagos digitales móviles). En paralelo, la conectividad ya no es el cuello de botella principal : 86% de la población usa internet y, de esos usuarios, 97% accede mediante smartphones. Es decir, el dispositivo para pagar —y para recibir pagos— está en el bolsillo de la mayoría.

En el frente financiero, también hay una base relevante: 77% de los adultos tiene al menos un producto financiero formal, como cuenta bancaria o billetera digital. Sin embargo, esa disponibilidad no se traduce automáticamente en hábito de pago digital. El efectivo sigue siendo el “idioma” dominante de la economía diaria, tanto para consumidores como para negocios, lo que limita el efecto de red que necesitan los pagos digitales para volverse norma.

La discusión, por tanto, no es si México puede operar pagos digitales, sino por qué —teniendo infraestructura, conectividad y una base de inclusión financiera— el uso sigue siendo relativamente bajo. México Evalúa plantea que el país está en un punto en el que la política pública y la coordinación entre actores (gobierno, sistema financiero, comercios) pueden inclinar la balanza.

Condiciones tecnológicas y financieras para la adopción

Impulsores y brechas del uso digital
Habilitadores (ya existen):

  • Conectividad y dispositivo: alta penetración de internet (86%) y acceso móvil (97% de usuarios con smartphone).
  • Rieles de pago: SPEI para transferencias; CoDi para cobros digitales; DiMo para pagos móviles.
  • Base de inclusión: 77% de adultos con al menos un producto financiero formal.

Brechas (lo que frena el salto a “uso cotidiano”):

  • Aceptación en comercios: si no se puede pagar digitalmente en transacciones frecuentes, el usuario mantiene efectivo “por si acaso”.
  • Propuesta de valor: si no hay ahorro de tiempo/costo o beneficios, el efectivo sigue ganando por simplicidad.
  • Confianza y protección: percepción de fraude y rutas de atención poco claras reducen el uso.
  • Crédito e incentivos: 63% sin acceso a crédito formal limita beneficios visibles del historial transaccional.

Las condiciones habilitantes en México son más sólidas de lo que sugiere el nivel de adopción. En lo tecnológico, la penetración de internet (86% de la población) y el acceso móvil (97% de los usuarios se conectan por smartphone) crean un terreno fértil para que los pagos digitales sean cotidianos: el canal existe y es masivo. Esto importa porque, en pagos, la fricción suele estar en el “último tramo”: si el usuario no tiene conectividad o dispositivo, cualquier estrategia se queda en el papel.

A esa base se suma la existencia de infraestructura de pagos ya operativa. SPEI permite transferencias interbancarias; CoDi está diseñado para cobros digitales; y DiMo apunta a pagos móviles. En conjunto, estos sistemas pueden soportar un ecosistema donde el dinero se mueva con rapidez y trazabilidad, y donde el cobro no dependa exclusivamente de terminales tradicionales. México Evalúa subraya que el país “tiene las condiciones tecnológicas y financieras” para avanzar.

En lo financiero, 77% de los adultos cuenta con al menos un producto formal. Ese dato sugiere que el problema no es únicamente “bancarización” en sentido estricto, sino uso: tener cuenta o billetera no equivale a pagar digitalmente en el mercado, el transporte, la tienda de barrio o el pequeño servicio.

También hay un elemento de potencial: la adopción de pagos digitales puede convertirse en puerta de entrada a otros servicios, como el crédito, porque genera historial transaccional. Pero aquí aparece una tensión: 63% de los adultos no tiene acceso a crédito formal. Eso limita el incentivo percibido para migrar de efectivo a digital si el usuario no ve beneficios concretos (ahorro de tiempo, menores costos, acceso a productos).

En resumen, México no parte de cero: tiene conectividad, dispositivos, rieles de pago y una base de productos financieros. Lo que falta es convertir esas capacidades en una propuesta de valor cotidiana, con aceptación amplia en comercios y con confianza suficiente para que el usuario “se anime” a usarlo como primera opción.

Comparativa de adopción de pagos digitales en América Latina

La brecha regional es uno de los puntos que México Evalúa pone sobre la mesa: el país está por detrás del promedio regional, e incluso de países con niveles de desarrollo similares o menores. El contraste más claro está en el indicador de uso entre adultos: en 2024, México registró 41.4% de adultos usando pagos digitales, mientras que el promedio regional fue 59%. La diferencia no es marginal: sugiere que, aun con infraestructura disponible, México no está capturando el mismo ritmo de cambio de hábitos que sus pares.

Tabla: Adopción de pagos digitales (adultos, 2024)

Región/País % de adultos que usan pagos digitales Lectura rápida
México 41.4% Adopción por debajo de la mitad de adultos; lo digital suele ser complementario al efectivo.
América Latina y el Caribe 59% Mayor masa crítica regional; más probabilidad de efectos de red (más aceptación ↔ más uso).

La comparación es relevante por dos razones. Primero, porque ayuda a descartar explicaciones simplistas basadas solo en ingreso o desarrollo: si la región avanza más rápido, hay factores de política pública, incentivos, aceptación comercial y confianza que están funcionando mejor en otros lugares. Segundo, porque los pagos digitales tienden a crecer por efectos de red: mientras más comercios aceptan y más personas usan, más útil se vuelve para todos. Quedarse atrás implica perder velocidad en esa dinámica.

En América Latina, la tendencia general apunta a mayor integración de billeteras digitales, pagos instantáneos y servicios financieros apoyados en tecnología. México participa de esa ola —tiene rieles como SPEI y herramientas como CoDi—, pero no logra el mismo nivel de uso cotidiano. México Evalúa sugiere que el reto es de ejecución y coordinación: convertir capacidades existentes en adopción masiva.

La lección regional es que no basta con “tener” tecnología. La adopción requiere que el pago digital sea aceptado en más lugares, que sea sencillo e interoperable, y que el usuario perciba que es seguro y conveniente. Ahí es donde México enfrenta su principal rezago.

Uso habitual del efectivo en México

El efectivo no solo sigue presente: domina. México Evalúa documenta que 95% de los adultos usa efectivo habitualmente, y que 80% de los negocios se apoya en transacciones en efectivo. En compras menores a 500 pesos, el patrón es todavía más contundente: 85% se paga en efectivo. Estos datos describen una economía donde el efectivo es la norma práctica, especialmente en el consumo diario.

Esa preferencia tiene implicaciones directas para la adopción digital. Los pagos digitales compiten contra un medio que es universal, inmediato, ampliamente aceptado y culturalmente arraigado. Además, cuando el efectivo es el estándar, el costo de “ser el primero” en cambiar recae en el usuario o en el comercio: si el cliente cree que no podrá pagar digitalmente en la mayoría de lugares, no desarrolla el hábito; si el comercio cree que los clientes no lo pedirán, no invierte en aceptarlo.

México Evalúa también apunta a señales de fortalecimiento del efectivo, como el incremento en la circulación de billetes de alta denominación. Sin entrar en cifras específicas, el dato es importante porque sugiere que el efectivo no está retrocediendo por inercia; al contrario, puede estar consolidándose como reserva y como medio de pago, lo que eleva el umbral de esfuerzo necesario para desplazarlo.

El predominio del efectivo también se relaciona con la informalidad: en sectores donde la operación es informal, el efectivo ofrece anonimato y flexibilidad. Y aunque los pagos digitales pueden traer beneficios (trazabilidad, acceso a servicios), esos beneficios no siempre son percibidos como inmediatos por quienes viven al día o por microcomercios con márgenes estrechos.

En este contexto, acelerar pagos digitales no significa “eliminar” el efectivo de golpe, sino romper el ciclo en el que el efectivo es la opción por defecto. Para eso, México Evalúa plantea que se necesitan incentivos, aceptación amplia y confianza: tres piezas que, juntas, pueden mover el hábito cotidiano.

Incremento en el uso de pagos digitales entre 2017 y 2024

Interpretar pagos digitales 2017–2024
Cómo leer el dato 2017–2024 sin confusiones:
1) Qué mide: el porcentaje de adultos que reporta usar pagos digitales (no necesariamente que los use como método principal).
2) Periodo: comparación 2017 vs 2024 (7 años), útil para ver tendencia, no estacionalidad.
3) Checkpoint de interpretación: si el indicador sube pero el efectivo sigue en 95% de uso habitual, lo digital está creciendo como “complemento” más que como “sustituto”.
4) Qué faltaría para hablar de salto: más frecuencia de uso y más aceptación en transacciones pequeñas y recurrentes (donde hoy domina el efectivo).

México sí ha avanzado, pero a un ritmo insuficiente frente a la región. Entre 2017 y 2024, el porcentaje de adultos que usa pagos digitales pasó de 31% a 41.4%. Es un aumento de más de diez puntos porcentuales en siete años, lo que refleja que hay adopción y aprendizaje, y que parte de la población ya incorporó transferencias, billeteras o pagos móviles en su vida financiera.

El problema es doble. Por un lado, el punto de llegada (41.4% en 2024) sigue siendo bajo comparado con el promedio regional (59%). Por otro, el avance convive con un uso masivo de efectivo: incluso si cuatro de cada diez adultos usan pagos digitales, casi todos siguen usando efectivo habitualmente (95%). Esto sugiere que, para muchos, lo digital es complementario, no sustituto.

La lectura más útil de este periodo es que la adopción no está bloqueada; está “atorada” en un nivel donde no se vuelve dominante. En pagos, el salto cualitativo ocurre cuando el usuario puede pagar digitalmente en la mayoría de sus transacciones frecuentes: transporte, comida, servicios, pequeños comercios. Si la aceptación es limitada, el usuario mantiene efectivo “por si acaso”, y ese “por si acaso” termina gobernando.

También influye la propuesta de valor. México Evalúa señala que, si pagar digitalmente no ahorra tiempo, no reduce costos o no ofrece beneficios adicionales, el incentivo para cambiar hábitos es débil. En ese sentido, el crecimiento 2017–2024 puede interpretarse como adopción impulsada por segmentos con mayor acceso y confianza, pero sin el empuje suficiente para cruzar hacia una mayoría.

El reto hacia 2026 y más allá es convertir ese crecimiento gradual en una aceleración: no solo más usuarios, sino más frecuencia de uso y más aceptación en comercios. Ahí es donde entran las recomendaciones de política pública y coordinación que México Evalúa propone.

Desafíos para la adopción de pagos digitales

Tensiones clave del cambio digital
Tensiones que explican por qué el cambio no es “automático”:

  • Conveniencia vs seguridad: más rapidez y facilidad digital, pero el miedo a fraude (y la respuesta institucional) pesa en la decisión.
  • Costos vs aceptación: bajar comisiones y fricción ayuda, pero requiere inversión/soporte para que microcomercios adopten sin perder margen.
  • Trazabilidad vs informalidad: lo digital puede abrir puertas (historial, crédito), pero en sectores informales el efectivo sigue siendo funcional por anonimato y flexibilidad.
  • Interoperabilidad vs fragmentación: más opciones (apps/soluciones) pueden aumentar adopción, pero si no “hablan” entre sí, el usuario vuelve al efectivo.

Los obstáculos no se reducen a “falta de tecnología”. México Evalúa identifica barreras de confianza, de incentivos y de coordinación entre oferta y demanda. En el centro está una economía donde el efectivo es universal y donde, para muchos, lo digital no ofrece todavía una ventaja clara.

Un desafío clave es que el usuario necesita sentir que el sistema lo protege. Si hay fraude y no hay respuesta institucional, la adopción se frena. Otro desafío es el círculo vicioso de aceptación: si el comercio no acepta, el cliente no usa; si el cliente no usa, el comercio no acepta. A esto se suma que una parte importante de la economía opera en informalidad, donde el efectivo es funcional.

También hay brechas sociales y territoriales. Aunque la penetración de internet es alta, México Evalúa reconoce que existen desigualdades en alfabetización digital y financiera, y que en algunas zonas rurales la conectividad puede ser menos confiable. Eso no invalida el potencial nacional, pero sí obliga a diseñar estrategias que no asuman un usuario “promedio” homogéneo.

Finalmente, está el tema del valor percibido: si pagar digitalmente implica comisiones, complejidad o riesgo, el efectivo gana. Para romper esa lógica, México Evalúa plantea que se requieren incentivos y reducción de costos de aceptación, especialmente para micro y pequeños negocios.

Falta de confianza y seguridad

La confianza es un requisito básico: nadie adopta masivamente un medio de pago si teme perder dinero sin posibilidad de defensa. México Evalúa subraya un dato que ilustra la fragilidad institucional frente al fraude digital: solo 3 de 24 fiscalías estatales cuentan con herramientas para investigar fraude digital o rastrear direcciones IP. Esa limitación no es un detalle técnico; es un mensaje para el usuario: si algo sale mal, la probabilidad de que el Estado pueda investigar y sancionar es baja.

En pagos digitales, la percepción de riesgo se amplifica por la asimetría de información. El usuario común no distingue entre tipos de fraude, ni entre fallas del dispositivo, del banco o de la plataforma. Si escucha casos cercanos o en redes sociales, puede decidir volver al efectivo, que percibe como controlable: “si lo traigo conmigo, no me lo hackean”. Esa percepción, aunque no siempre sea racional, pesa en la conducta.

Además, la confianza no solo es seguridad técnica; también es claridad en la resolución de disputas. México Evalúa propone mecanismos efectivos de defensa del usuario y resolución de controversias, precisamente porque la adopción depende de que el usuario sepa qué hacer si hay un cargo no reconocido o una transferencia equivocada.

Sin fortalecer capacidades de investigación y persecución del fraude, y sin mecanismos de protección al usuario, la adopción puede crecer solo en segmentos que ya confían en el sistema. Para masificar, la confianza debe ser un bien público: visible, accesible y consistente.

El fenómeno del ‘equilibrio en efectivo’

México Evalúa describe un círculo vicioso que llama “equilibrio en efectivo”. La lógica es simple: los negocios no ofrecen pagos digitales porque los clientes no los piden; y los clientes no los piden porque no esperan que estén disponibles. El resultado es un equilibrio estable donde el efectivo domina, aunque existan alternativas tecnológicas.

Este equilibrio se refuerza por costos y fricciones. Para un microcomercio, aceptar pagos digitales puede implicar aprendizaje, comisiones o incertidumbre sobre el flujo de dinero. Para el consumidor, pagar digitalmente puede fallar si el comercio no acepta, si no hay señal o si el proceso es confuso. Ante esa incertidumbre, ambos lados eligen la opción segura: efectivo.

El problema es que no se rompe solo con campañas de comunicación. Requiere un “empujón” coordinado: incentivos para que el comercio acepte y para que el consumidor use, al mismo tiempo. Si solo se incentiva a uno, el otro no responde y el equilibrio se mantiene.

México Evalúa también sugiere que el gobierno puede ser un actor decisivo para romper el equilibrio, al digitalizar sus propios pagos y cobros y usar su peso transaccional para crear hábito. Si pagar servicios públicos o recibir apoyos se vuelve digital por defecto (con incentivos y acompañamiento), se crea una masa crítica que arrastra al resto del ecosistema.

En síntesis, el equilibrio en efectivo no es una preferencia individual aislada: es una coordinación social. Y como toda coordinación, puede cambiar si se modifican incentivos, costos y expectativas de manera simultánea.

Recomendaciones estratégicas de México Evalúa

Acciones por actor clave
Acciones concretas (por actor) para aterrizar los 4 pilares:

  • Gobierno
  • Digitalizar cobros y pagos de alto volumen (servicios, trámites, nómina, compras públicas) con experiencia simple y soporte.
  • Usar incentivos en pagos de servicios públicos para empujar el cambio de hábito (descuentos/beneficios por pago digital).
  • Fortalecer capacidades para investigar fraude digital y hacer visibles rutas de atención al ciudadano.
  • Bancos/fintech
  • Reducir fricción: alta de usuarios y comercios más simple; interoperabilidad real entre soluciones.
  • Diseñar beneficios claros para uso frecuente (no solo “tener la app”): ahorro de tiempo, costos o recompensas.
  • Mejorar protección al usuario y resolución de disputas para aumentar confianza.
  • Comercios (especialmente micro y pequeños)
  • Ofrecer al menos una opción digital de cobro fácil de operar (para no depender solo de efectivo).
  • Señalizar aceptación (en mostrador y en ticket) para romper el “no lo piden/no lo ofrezco”.
  • Revisar costos totales (comisiones, tiempos de liquidación, contracargos) y elegir la opción que mejor se ajuste al flujo del negocio.

México Evalúa plantea una estrategia nacional para acelerar la adopción de pagos digitales basada en cuatro pilares: incentivar el uso, expandir la aceptación, digitalizar operaciones gubernamentales y construir confianza y seguridad. La idea central es que México ya tiene infraestructura y conectividad; lo que falta es una intervención coordinada que rompa el equilibrio en efectivo y haga que lo digital sea más conveniente.

La estrategia no se limita a “promover” pagos digitales, sino a crear condiciones para que sean la opción racional. Eso implica, por ejemplo, que pagar digitalmente cueste menos o tenga beneficios; que más comercios puedan aceptar sin fricción; que el gobierno lidere con el ejemplo; y que el usuario tenga protección real ante fraude.

México Evalúa también propone monitoreo y evaluación: un sistema público de seguimiento con indicadores de uso, aceptación, brechas regionales y efectividad de la digitalización de transferencias sociales. La lógica es que lo que no se mide, no se gestiona; y que la adopción debe observarse con granularidad, porque el promedio nacional puede ocultar rezagos territoriales.

Tabla: Pilares estratégicos propuestos por México Evalúa

Pilar Enfoque Ejemplos de acciones
Incentivar el uso Hacer atractivo pagar digitalmente Descuentos en servicios públicos; incentivos fiscales
Expandir la aceptación Más comercios aceptando Apoyo a micro y pequeñas empresas; reducir costos
Digitalizar gobierno Estado como gran usuario Cobros, pagos, nómina y compras públicas digitales
Confianza y seguridad Reducir riesgo percibido y real Ciberseguridad; investigación de fraude; defensa del usuario
Monitoreo y evaluación Transparencia y ajuste Tablero público de indicadores

A continuación, los cuatro pilares en detalle, tal como los plantea México Evalúa, con énfasis en cómo podrían atacar los frenos actuales.

Incentivar el uso de pagos digitales

México Evalúa propone incentivos de precio y fiscales para que pagar digitalmente sea más atractivo que pagar en efectivo. La premisa es pragmática: si el usuario no percibe una ventaja inmediata —ahorro, descuento, beneficio— no cambiará un hábito arraigado. Por eso, una línea de acción es ofrecer descuentos o beneficios por pagar digitalmente servicios públicos como electricidad, agua o impuestos.

En paralelo, se plantean incentivos fiscales para micro y pequeñas empresas que adopten pagos digitales: devoluciones, reducción de tasas efectivas o esquemas tipo cashback. El objetivo es compensar costos de adopción y acelerar el cambio de comportamiento en el segmento que más opera en efectivo.

Otro frente es el de programas sociales. México Evalúa sugiere fomentar que la dispersión y el gasto de apoyos se mantengan dentro del ecosistema digital, con incentivos para que los beneficiarios no retiren todo en efectivo de inmediato. La intención no es restringir, sino hacer que el uso digital sea conveniente y útil.

Estos incentivos buscan romper el equilibrio en efectivo por el lado de la demanda: que el consumidor pida pagar digitalmente porque le conviene. Pero México Evalúa también deja claro que esto debe ir acompañado de aceptación amplia; de lo contrario, el incentivo se frustra en el punto de venta.

Expandir la aceptación de pagos digitales

Sin aceptación, no hay hábito. México Evalúa pone el foco en micro y pequeñas empresas, donde el efectivo es dominante y donde la adopción puede ser más difícil por costos, desconocimiento o falta de soporte. La recomendación es ofrecer apoyo técnico y financiero para que estos negocios puedan aceptar pagos digitales de forma sencilla.

Un concepto clave es la interoperabilidad: que distintas plataformas y soluciones “hablen” entre sí para reducir fricción y aumentar conveniencia. Si el consumidor necesita múltiples apps o si el comercio enfrenta un mosaico de soluciones incompatibles, la experiencia se vuelve compleja y el efectivo vuelve a ganar.

México Evalúa también plantea reducir los costos asociados a aceptar pagos digitales, especialmente para pequeños comercios. En la práctica, esto apunta a que aceptar no sea más caro ni más complicado que recibir efectivo. Si el costo de aceptación se percibe como un “impuesto” a la formalidad, muchos negocios preferirán seguir en efectivo.

Expandir aceptación es, en el fondo, construir la red. Los pagos digitales funcionan mejor cuando están en todas partes: cuando el usuario sabe que podrá pagar en la tienda, el mercado, el servicio local. Ese cambio de expectativa es el que rompe el equilibrio en efectivo por el lado de la oferta.

Digitalizar operaciones gubernamentales

México Evalúa propone que el gobierno sea el mayor usuario y promotor de pagos digitales. La razón es su peso transaccional: el Estado paga nóminas, compra bienes y servicios, cobra contribuciones y derechos, y dispersa apoyos. Si esas operaciones migran a lo digital, el gobierno no solo moderniza su administración; también crea volumen, hábito y estándares.

La recomendación incluye digitalizar pagos, compras públicas, nómina y recaudación. “Liderar con el ejemplo” significa que el ciudadano encuentre lo digital como opción natural al interactuar con el Estado: pagar un trámite, recibir un reembolso, cobrar un apoyo. Ese contacto frecuente puede normalizar el uso y reducir la dependencia del efectivo.

Además, la digitalización gubernamental puede ayudar a reducir fugas y mejorar trazabilidad del gasto, aunque México Evalúa lo plantea principalmente como palanca de adopción y eficiencia. En términos de política pública, el gobierno tiene una ventaja: puede coordinar cambios a escala nacional y establecer incentivos en servicios que millones usan.

La clave, sin embargo, es que la digitalización no sea solo “obligación” sin soporte. Para que funcione como motor de adopción, debe ser simple, accesible y acompañada de mecanismos de atención y resolución de problemas.

Construir confianza y seguridad

México Evalúa insiste en que la adopción masiva requiere confianza. Eso implica fortalecer ciberseguridad y protección de datos, pero también mejorar la capacidad del Estado para investigar y perseguir fraude. El dato de las fiscalías —solo 3 de 24 con herramientas para investigar fraude digital o rastrear IP— muestra una brecha institucional que se traduce en miedo del usuario.

Construir confianza también significa crear mecanismos efectivos de defensa del usuario y resolución de disputas. En pagos, los incidentes ocurren: transferencias erróneas, cargos no reconocidos o fraudes; si el usuario no tiene rutas claras de atención y solución, el efectivo seguirá pareciendo “más seguro”. Por eso, además de fortalecer ciberseguridad y protección de datos, México Evalúa enfatiza mejorar la capacidad de investigación y persecución del fraude y hacer visibles mecanismos de protección al usuario.

Este análisis se elaboró desde el enfoque editorial de Pasarela de Pagos en Mexico, a cargo de Carlos Ponce, centrado en ayudar a negocios en México a entender opciones de pago digital, adopción y seguridad en transacciones en línea.

Este texto se basa en información públicamente disponible al momento de su redacción y resume hallazgos y recomendaciones atribuidas a México Evalúa sobre pagos digitales en México, con cifras de 2017–2024 y contexto de 2026. Los indicadores y el entorno de mercado y política pública pueden cambiar conforme se publiquen nuevas mediciones. Los porcentajes citados se refieren a adopción reportada en adultos y no necesariamente a su uso como método principal en todas las compras.

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