SPEI: La evolución de las transferencias en México para 2026

Tabla de contenidos


SPEI podría superar a tarjetas como método de pago

  • Banxico prevé que, hacia el cierre de 2026, SPEI rebase el volumen de operaciones de tarjetas de crédito y débito.

Nota de alcance: en este artículo, “superar” se refiere al número de transacciones (volumen de operaciones), no necesariamente al valor total de consumo pagado con cada medio.

SPEI y tarjetas: usos cotidianos

  • Volumen vs. valor: que SPEI “supere” a las tarjetas en número de operaciones puede ocurrir aunque el valor total de consumo con tarjetas siga siendo mayor, porque SPEI también concentra transferencias de alto valor (por ejemplo, pagos entre empresas) y muchas operaciones pequeñas entre personas.
  • Qué cambia para el usuario/comercio: el “punto de cruce” en volumen suele indicar que la transferencia se volvió un gesto cotidiano (pagar servicios, dividir cuentas, cobrar ventas), no que desaparezcan tarjetas o efectivo.
  • En 2025 se registraron 7,300 millones de transferencias SPEI por un monto cercano a 600 billones de pesos.
  • Al menos 78% de las empresas formales ya adoptó pagos digitales; más de 60% de la población bancarizada usa SPEI de forma regular.
  • CoDi y DiMo, creados por Banxico, buscan reducir fricciones y acelerar la adopción de transferencias electrónicas.

Cifras y proyecciones citadas en este artículo provienen de estimaciones y datos reportados por Banxico y STP; los conteos de tarjetas/contratos se atribuyen a la CNBV; y la participación de pagos inmediatos a ACI Worldwide.

El auge de SPEI en el panorama de pagos en México

En México, el sistema de pagos vive una transición que hace unos años parecía improbable: las transferencias electrónicas, encabezadas por el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), se acercan a disputar el lugar que históricamente han ocupado las tarjetas como instrumento dominante para pagar y cobrar. SPEI, desarrollado por el Banco de México (Banxico) y lanzado en 2004, cumple más de dos décadas de evolución: nació como infraestructura interbancaria y hoy se usa para operaciones cotidianas entre personas y empresas.

El cambio no se explica por una sola variable, sino por la suma de hábitos digitales, mejoras en la experiencia de usuario y una propuesta de valor difícil de igualar: disponibilidad 24/7, acreditación casi inmediata y costos bajos o prácticamente nulos para muchos usuarios. En palabras del ecosistema que procesa y habilita transferencias, el fenómeno se interpreta como una consolidación: la transferencia deja de ser “alternativa” y se vuelve estándar para mover dinero.

Impulsores del auge de SPEI
Por qué SPEI se aceleró (en términos simples):
1) Disponibilidad 24/7: se puede pagar o cobrar fuera de horarios bancarios.
2) Rapidez de acreditación: el dinero suele reflejarse casi al instante.
3) Costo percibido bajo: para muchos usuarios, transferir no implica comisiones visibles como en otros esquemas.
4) Mejor UX en apps: transferir desde el celular se volvió un flujo común (y cada vez más guiado).
5) “Riel” reutilizable: sobre SPEI se montan CoDi (QR) y DiMo (celular), que reducen pasos y errores.

“Nos encontramos ante la consolidación de la transferencia, que deja de ser una opción secundaria para erigirse como el nuevo estándar para mover dinero en México”.
Jaime Márquez Poo, Director Ejecutivo de Nuevos Negocios en STP.

El auge de SPEI también se entiende por su papel como “riel” sobre el que se montan herramientas más recientes. CoDi (pagos con QR) y DiMo (transferencias usando el número de celular) fueron creados por Banxico para simplificar pagos y transferencias electrónicas y reducir barreras de entrada.

En otras palabras: SPEI es la infraestructura de transferencia, mientras que CoDi y DiMo son formas de iniciar el pago con menos fricción (QR o número celular) sobre ese mismo riel.
En conjunto, estas capas buscan que el usuario no tenga que “pensar” en la infraestructura: solo pagar, cobrar o transferir con menos pasos y menos errores.

Aun así, el crecimiento de SPEI no implica la desaparición inmediata de otros medios. Las tarjetas siguen siendo masivas y el efectivo conserva un peso cultural y práctico, sobre todo en compras pequeñas. Pero la dirección del cambio es clara: el volumen de transferencias crece a un ritmo que presiona a bancos, comercios y proveedores de tecnología a adaptarse a una preferencia cada vez más marcada por pagos inmediatos.

Proyecciones para 2026: SPEI superará a las tarjetas

La señal más contundente del momento que atraviesa el sistema es la proyección del propio banco central. No se trata de una predicción marginal; es un hito estructural porque reordena el mapa de pagos minoristas y redefine qué significa “aceptar pagos” para un negocio.

El punto de partida es un 2025 de escala inédita para transferencias: 7,300 millones de operaciones SPEI y un monto cercano a 600 billones de pesos. Ese dato, citado por STP al respaldar las estimaciones de Banxico, muestra dos realidades simultáneas: por un lado, SPEI se usa para pagos cotidianos; por otro, también concentra transferencias de alto valor (por eso el monto agregado es tan elevado). En contraste, el consumo con tarjetas se mueve en órdenes de magnitud distintas en valor total, aunque con un número de operaciones históricamente alto.

La comparación por “volumen de operaciones” es clave: no necesariamente significa que SPEI vaya a mover más valor de consumo minorista que las tarjetas, sino que podría registrar más transacciones. En la práctica, esto sugiere que la transferencia se está normalizando para pagos frecuentes: desde dividir cuentas, pagar servicios, liquidar rentas o hacer compras donde el comercio ofrece una cuenta CLABE o una referencia de pago.

Para bancos y emisores de tarjetas, el cambio obliga a ajustar estrategia. Si el usuario se acostumbra a pagar por transferencia inmediata, el valor de la tarjeta se desplaza hacia otros atributos (financiamiento, recompensas, meses sin intereses), mientras que el “pago” como acto básico se vuelve más competido. Para comercios, el incentivo es evidente: recibir dinero casi al instante y, en muchos casos, con menores costos que los asociados a la aceptación tradicional con terminal punto de venta.

La proyección hacia 2026 también se apalanca en el empuje regulatorio y de estandarización. Banxico ha planteado medidas para simplificar la experiencia de transferencias en aplicaciones bancarias y reducir fricciones. Si la transferencia es más fácil —y más uniforme entre instituciones—, el salto de uso puede acelerarse justo en el periodo en que el banco central anticipa el rebase.

Nota de contexto 2026: además de la proyección de volumen, Banxico ha impulsado una agenda de estandarización de la experiencia de transferencias en apps (para que transferir “se sienta” similar entre instituciones), lo que puede reducir errores de captura y fricción en el pago.

Métrica (referencia) 2025 Proyección / señal 2026
Transferencias SPEI (volumen) 7,300 millones Banxico prevé que SPEI rebase el volumen de operaciones de tarjetas hacia el cierre de 2026
Transferencias SPEI (monto) ~600 billones de pesos >600 billones de pesos (continuidad de escala, según reportes citados por STP/medios)
Operaciones con tarjetas (crédito + débito, volumen) ~11,000 millones (referencia en reportes de prensa) ~12,000 millones (referencia en reportes de prensa)
Consumo con tarjetas (valor) ~6.4 billones de pesos (referencia en reportes de prensa) ~7 billones de pesos (referencia en reportes de prensa)

Crecimiento de las transferencias: estadísticas clave

El crecimiento de SPEI se puede contar con una cifra, pero se entiende mejor con varias. En 2025, el sistema registró 7,300 millones de transferencias. Ese volumen no aparece de la nada: es el resultado de una trayectoria de expansión que se aceleró en los últimos años y que convirtió a SPEI en una infraestructura de uso masivo.

Hay un antecedente que dimensiona la velocidad del cambio: en 2019, SPEI procesó 847.9 millones de transacciones; para 2024, la cifra subió a 5.4 mil millones. Es decir, en cinco años el sistema multiplicó varias veces su actividad. En ese mismo arco temporal, la adopción digital se volvió más cotidiana y el usuario promedio se familiarizó con transferencias desde el celular, no solo desde banca web o sucursal.

En paralelo, el ecosistema de pagos inmediatos gana participación dentro del total de pagos. ACI Worldwide estima que 8.3% de todos los pagos en México ya se realizan a través de sistemas de pago inmediato como SPEI, proporción que podría aumentar a 12.9% para 2028 conforme avance la adopción de herramientas como DiMo y CoDi. La lectura es doble: el crecimiento existe, pero todavía hay espacio para expandirse, sobre todo si se busca desplazar efectivo en transacciones de bajo monto.

También hay datos que ayudan a entender el “techo” y el “piso” del cambio. Por un lado, el país tiene una base enorme de productos asociados a cuentas: la CNBV reporta 302 millones de contratos de captación (que incluyen productos vinculados a tarjetas de débito y cuentas de ahorro). Por otro, el efectivo sigue dominando compras pequeñas: en 2025, 85% de las personas usó efectivo como método principal para transacciones menores a 500 pesos.

Data_viz sugerida: un gráfico de líneas con el volumen anual de transacciones SPEI (2019, 2024, 2025) y una línea de referencia con la proyección de Banxico para 2026, para visualizar el punto de cruce con tarjetas.

Indicador 2019 2024 2025
Transacciones SPEI (volumen) 847.9 millones 5.4 mil millones 7,300 millones
Pagos inmediatos como % del total (estimación ACI Worldwide) 8.3%
Efectivo como método principal en compras < $500 (referencia en reportes de prensa) 85%

En conjunto, las estadísticas describen un sistema que ya no es “promesa”: es infraestructura crítica. Y, al mismo tiempo, muestran que el reto no es solo crecer, sino crecer donde el efectivo todavía manda: pagos cotidianos de bajo valor y alta frecuencia.

Adopción de pagos digitales por empresas en México

La adopción empresarial es uno de los motores más claros del avance de SPEI. STP reporta que al menos 78% de las compañías formales que operan en el país han adoptado pagos digitales como forma de transacción. Ese dato es relevante porque el cambio de hábito no depende únicamente del consumidor: requiere que el comercio tenga cómo cobrar, conciliar y operar con pagos electrónicos sin fricción.

Para muchas empresas, aceptar transferencias tiene ventajas operativas: el dinero se acredita casi de inmediato y la disponibilidad 24/7 permite vender fuera de horarios bancarios. Además, cuando el costo de aceptación es bajo o nulo, el incentivo se vuelve más fuerte frente a esquemas tradicionales donde el comercio paga comisiones por transacción con tarjeta o renta de terminal.

Cobros SPEI en Operación Diaria
Cómo adoptar cobros por SPEI en operación diaria (con puntos de control):
1) Define el “dato de cobro” estándar: CLABE/cuenta y nombre del beneficiario (o referencia). Checkpoint: que esté visible en mostrador, ticket, WhatsApp y web.
2) Estandariza el “concepto” del pago: usa un formato (folio/orden/cliente). Checkpoint: que el concepto permita identificar el pedido sin abrir chats.
3) Confirma el abono con evidencia operativa: notificación bancaria + registro interno (POS/ERP/hoja). Checkpoint: qué hacer si el cliente muestra comprobante pero el abono aún no aparece.
4) Conciliación diaria: cruza movimientos vs ventas y marca diferencias. Checkpoint: lista de pagos “sin referencia” para resolver el mismo día.
5) Plan B en caja: si falla conectividad o el cliente no puede transferir, define alternativa (tarjeta/efectivo/QR si aplica). Checkpoint: evitar perder la venta por fricción.

La adopción también se explica por el tipo de transacciones que SPEI facilita en el mundo real. No solo es “pagar en una tienda”; es liquidar a proveedores, pagar nómina en ciertos casos, cobrar servicios profesionales, recibir pagos por ventas en línea o en redes sociales, y hacer conciliación de cobros con referencias. En ese sentido, SPEI funciona como un riel transversal: sirve tanto para persona a persona como para persona a negocio y negocio a negocio.

El avance empresarial, sin embargo, no es homogéneo. La disponibilidad de internet y la alfabetización digital influyen en qué tan fácil es para un negocio implementar cobros por transferencia. Aun así, el dato de 78% sugiere que, al menos en el universo formal, la digitalización del cobro dejó de ser un “proyecto” y se convirtió en una práctica extendida.

En el trasfondo está el papel de Banxico como impulsor de un ecosistema más simple. La estandarización de flujos de transferencias en apps bancarias —planteada para reducir errores y fricciones— puede beneficiar directamente al comercio: si el cliente sabe transferir “igual” sin importar el banco, el cobro por SPEI se vuelve más universal. Y si herramientas como CoDi y DiMo bajan la complejidad (QR o número celular), el negocio puede cobrar sin pedir CLABE o datos largos.

Uso regular de SPEI entre la población bancarizada

El crecimiento de SPEI no se sostiene solo con infraestructura; se sostiene con hábito. Al cierre de 2025, más de 60% de la población bancarizada en México utilizó SPEI de manera regular. En términos de adopción, ese porcentaje indica que la transferencia dejó de ser un recurso ocasional —“cuando no hay otra”— para convertirse en una acción recurrente dentro de la vida financiera de millones de personas.

Este uso regular convive con un país donde las tarjetas son masivas. La CNBV contabiliza 46.2 millones de tarjetas de crédito, además de una base enorme de contratos de captación vinculados a cuentas y tarjetas de débito. Pero tener tarjeta no equivale a usarla como medio de pago principal. De hecho, se ha observado que una parte de quienes tienen tarjeta de débito no la usan para pagar, lo que abre espacio para que el usuario bancarizado prefiera transferir o usar efectivo según el contexto.

SPEI crece, efectivo persiste

  • Señal de hábito: “más de 60% de la población bancarizada” usando SPEI de forma regular (cierre 2025) sugiere que transferir ya es rutina para millones.
  • Pero no es “todo el país”: aun con una base grande de tarjetas (46.2 millones de crédito, CNBV) y cuentas, el efectivo sigue dominando compras pequeñas (85% en transacciones < $500, referencia en reportes de prensa). Esto ayuda a entender por qué el rebase de SPEI se discute en volumen, no necesariamente en valor.
  • Lectura práctica: el crecimiento de SPEI suele verse primero en pagos entre personas y pagos recurrentes (servicios/rentas), y después en el “pago de mostrador” cuando QR/celular reducen fricción.

La preferencia por SPEI se entiende por atributos prácticos: disponibilidad permanente, rapidez y, en muchos casos, costo bajo. Para el usuario, transferir desde una app puede ser más directo que cargar efectivo o depender de una terminal disponible. Y para pagos entre personas —familia, amigos, renta compartida— la transferencia inmediata se volvió casi un lenguaje común.

Sin embargo, el dato de “más de 60%” también marca un límite: todavía hay una porción relevante de población bancarizada que no usa SPEI regularmente. Las razones no se reducen a “no querer”; influyen la confianza, la familiaridad con la app, el miedo a equivocarse al capturar datos y la conectividad. Por eso, las medidas de Banxico orientadas a simplificar y estandarizar la experiencia de transferencias apuntan a un punto sensible: reducir el costo cognitivo del pago.

En paralelo, el efectivo sigue siendo dominante en compras pequeñas: 85% lo usa como método principal en transacciones menores a 500 pesos. Eso significa que el “uso regular” de SPEI puede estar concentrado en ciertos tipos de pagos (entre personas, servicios, montos medianos) y no necesariamente en el café o la tienda de la esquina. El reto de la siguiente etapa es precisamente ese: convertir la transferencia en un gesto cotidiano incluso en pagos de bajo monto.

Desafíos para la adopción de SPEI en el mercado

Que SPEI crezca no significa que el mercado esté resuelto. El principal desafío sigue siendo el efectivo. En 2025, 85% de las personas utilizó efectivo como método principal para transacciones menores a 500 pesos. Esa cifra revela una realidad: el pago digital compite no solo contra tarjetas, sino contra un hábito profundamente arraigado, percibido como inmediato, universal y “sin complicaciones” tecnológicas.

A ese reto se suma la desigualdad regional y demográfica en el uso de pagos electrónicos. En la Ciudad de México, los pagos electrónicos (incluido SPEI) llegan a representar cerca de 50% de transacciones, mientras que en estados del sur como Chiapas y Oaxaca el uso de efectivo supera 80%. La brecha no es menor: implica diferencias en conectividad, infraestructura, educación digital y oferta de aceptación en comercios.

También existe una brecha generacional: los jóvenes son mucho más propensos a usar pagos digitales que los adultos mayores. Esto importa porque el crecimiento de SPEI puede ser rápido en segmentos urbanos y jóvenes, pero más lento en comunidades donde el efectivo es la norma y la confianza en lo digital es menor.

En el plano operativo, hay fricciones típicas de la transferencia: capturar datos largos, equivocarse en una cuenta, o no tener claridad inmediata sobre el concepto del pago para conciliar. Banxico ha buscado atacar parte de estos problemas con estandarización de flujos en apps y con herramientas como DiMo (número celular) y CoDi (QR), que reducen la necesidad de teclear datos.

Otro desafío es la preparación del comercio, especialmente el pequeño. Aunque 78% de empresas formales ya adoptó pagos digitales, eso no elimina la resistencia de negocios que perciben complejidad o que no saben cómo integrar cobros a su operación diaria. La adopción no es solo “tener cuenta”; es saber cobrar, confirmar, registrar y conciliar.

Finalmente, está el reto de la convivencia con el ecosistema de tarjetas, que sigue siendo enorme. Bancos con fuerte presencia en tarjetas —como BBVA, Banamex y Santander— tendrán que adaptarse a hábitos donde la transferencia gana terreno. La transición no necesariamente es de sustitución total: puede ser de especialización, donde tarjetas se usan más para crédito y SPEI para pagos inmediatos.

Equilibrio entre efectivo y SPEI

  • Efectivo vs. inmediatez digital: el efectivo gana por “universalidad” en compras pequeñas; SPEI gana cuando el usuario valora rapidez y registro.
  • Fricción de captura vs. simplicidad: CLABE/referencias pueden frenar; QR (CoDi) y celular (DiMo) reducen pasos, pero requieren hábito y consistencia entre apps.
  • Brecha regional: donde hay menos conectividad/aceptación, el crecimiento de SPEI suele ser más lento.
  • Confianza y error: el miedo a equivocarse al transferir puede pesar más que el costo; por eso la estandarización de flujos importa.

Impacto de CoDi y DiMo en las transferencias electrónicas

CoDi y DiMo son dos piezas diseñadas para acelerar el uso de transferencias electrónicas reduciendo fricciones. Ambas herramientas fueron creadas por Banxico con un objetivo explícito: simplificar pagos y transferencias, y bajar barreras para el uso de medios digitales. En la práctica, funcionan como “interfaces” más amigables sobre el riel SPEI.

Rieles e interfaces de pago
“Riel” vs. “interfaz” (por qué CoDi/DiMo importan):

  • SPEI (riel): mueve el dinero entre instituciones; es la infraestructura.
  • CoDi (interfaz QR): inicia el pago escaneando; reduce captura manual.
  • DiMo (interfaz por celular): inicia la transferencia con un número; reduce dependencia de CLABE.

Resultado esperado: menos pasos → menos errores → más probabilidad de uso en pagos cotidianos.

CoDi se apoya en códigos QR para iniciar pagos, lo que evita capturar manualmente datos bancarios. DiMo, por su parte, busca que el número de celular sea un identificador suficiente para transferir, reduciendo la dependencia de CLABE o números de cuenta. En un país donde el error al teclear datos es una de las razones de desconfianza, estas capas pueden ser decisivas para ampliar el uso cotidiano.

El impacto esperado no es solo cualitativo; también se refleja en proyecciones de participación. ACI Worldwide estima que 8.3% de todos los pagos en México ya se realizan a través de sistemas de pago inmediato como SPEI, y que esa proporción podría subir a 12.9% para 2028 conforme avance la adopción de herramientas como DiMo y CoDi. Es decir: no se trata únicamente de que SPEI crezca por sí mismo, sino de que su crecimiento se acelere cuando el usuario tenga formas más simples de “invocarlo”.

Estas herramientas también pueden influir en la aceptación comercial. Para un negocio, cobrar con QR o con un identificador más simple puede ser más fácil que pedir datos bancarios completos. Y para el cliente, pagar escaneando o usando el celular como llave reduce el tiempo en caja y la fricción social de “esperar a que llegue la transferencia”.

Aun así, CoDi y DiMo no operan en el vacío. Su éxito depende de que la experiencia sea consistente entre bancos y aplicaciones, y de que el usuario confíe en el proceso. Por eso, las medidas de Banxico orientadas a estandarizar la experiencia de transferencias en apps se vuelven complementarias: si cada institución lo implementa de forma distinta, la promesa de simplicidad se diluye.

En el mejor escenario, CoDi y DiMo funcionan como el puente entre el SPEI “de transferencia” y el SPEI “de pago cotidiano”: el mismo riel, pero con una interfaz que se parece más a pagar con tarjeta… sin ser tarjeta.

Comparativa entre SPEI y tarjetas de crédito y débito

La discusión sobre si SPEI “superará” a las tarjetas requiere matices. Banxico proyecta que SPEI rebase el volumen de operaciones de tarjetas de crédito y débito hacia el cierre de 2026. Pero volumen no es lo mismo que valor, y “pagar” no es lo mismo que “financiar”. Por eso, la comparación útil es por atributos y por casos de uso.

SPEI destaca por ser un riel de pagos inmediatos: opera 24/7, acredita casi al instante y suele tener costos bajos o nulos para el usuario. Para comercios, puede significar disponibilidad rápida de fondos y, en muchos casos, menores costos de aceptación. Además, su adopción empresarial ya es alta, en un entorno donde la transferencia se vuelve cada vez más común.

Las tarjetas, en cambio, siguen siendo masivas. La CNBV reporta 46.2 millones de tarjetas de crédito en circulación. En ese universo, BBVA lidera con 11.9 millones, seguido de Banamex con 10.1 millones y Santander con 3.8 millones. Además, existen 302 millones de contratos de captación que incluyen productos asociados a tarjetas de débito y cuentas de ahorro. Esa base explica por qué las tarjetas siguen siendo un instrumento central, especialmente para compras en comercios con terminal y para quienes buscan crédito.

La diferencia esencial es funcional: la tarjeta de crédito no solo paga, también financia; la transferencia paga con fondos disponibles. Por eso, incluso si SPEI supera en número de operaciones, las tarjetas pueden conservar relevancia en compras de mayor monto o donde el consumidor valora el crédito. Al mismo tiempo, el hecho de que una parte de quienes tienen tarjeta de débito no la use para pagar sugiere que el “plástico” no garantiza preferencia: el usuario puede tenerlo por la cuenta, pero pagar de otra manera.

En el terreno de la experiencia, SPEI ha avanzado hacia la simplicidad, y CoDi/DiMo buscan cerrar la brecha de usabilidad frente a “pasar la tarjeta”. Si el pago por transferencia se vuelve tan rápido como escanear un QR o elegir un contacto, la tarjeta pierde parte de su ventaja en conveniencia.

Atributo SPEI (transferencia) Tarjeta débito/crédito
Qué es Riel de transferencia interbancaria Instrumento de pago (y en crédito, financiamiento)
Disponibilidad 24/7 Depende de red/terminal y del comercio
Acreditación Casi inmediata (típicamente) Autorización inmediata; liquidación al comercio puede diferir
Costo para comercio Puede ser menor (según esquema) Comisiones/renta de terminal (según adquirente)
Mejor para P2P, pagos recurrentes, cobros directos, B2B Compras con aceptación amplia, crédito, MSI, recompensas
Fricción típica Captura de datos / referencia (mitigable con CoDi/DiMo) Requiere terminal o pasarela; riesgo de contracargos en ciertos casos

En síntesis: SPEI compite por el acto de pago inmediato; las tarjetas compiten por aceptación universal y, en crédito, por financiamiento. El rebase proyectado para 2026 sugiere que el primer terreno —el pago inmediato— está cambiando de manos.

Perspectivas futuras para los pagos digitales en México

El escenario hacia 2026 y más allá apunta a una consolidación de pagos inmediatos como columna vertebral del movimiento de dinero. SPEI ya no es un sistema “de bancos para bancos”: es infraestructura cotidiana para personas y empresas.

La perspectiva de crecimiento también se apoya en la expansión de herramientas que reducen fricciones. CoDi y DiMo buscan simplificar pagos y transferencias y atraer a más usuarios. Si su adopción se acelera, la participación de pagos inmediatos podría subir: ACI Worldwide estima 8.3% de pagos vía sistemas inmediatos hoy y una posible subida a 12.9% para 2028.

En paralelo, Banxico ha impulsado medidas para estandarizar la experiencia de transferencias en apps bancarias y reducir errores. La lógica es clara: si transferir es más fácil y consistente, más usuarios lo harán más seguido. Esto es especialmente relevante para segmentos que hoy siguen anclados al efectivo por desconfianza o por complejidad percibida.

Pero el futuro no será uniforme. Persisten brechas regionales: en CDMX los pagos electrónicos rondan 50% de transacciones, mientras que en Chiapas y Oaxaca el efectivo supera 80%. También hay brechas generacionales, con jóvenes mucho más inclinados a lo digital. Por eso, el crecimiento agregado puede coexistir con bolsillos donde el efectivo siga dominando.

Para el comercio, el futuro inmediato es híbrido: aceptar transferencias, tarjetas y efectivo, pero con un peso creciente de pagos inmediatos por su velocidad y costo. Para bancos y fintech, el reto es competir en experiencia: si la transferencia se vuelve el “nuevo estándar”, la diferenciación se moverá a la interfaz, la seguridad percibida y los servicios alrededor (conciliación, notificaciones, control de cobros).

Indicadores clave de adopción SPEI
Señales a monitorear (2026–2028) para saber si SPEI se vuelve “pago de diario”:

  • Adopción real de CoDi/DiMo en comercios de bajo monto (no solo transferencias entre personas).
  • Qué tan consistente se vuelve la experiencia de transferir entre apps bancarias (menos pasos/errores).
  • Evolución del uso de efectivo en compras < $500 (si baja, el cambio es estructural).
  • Cierre de brechas regionales (aceptación y conectividad fuera de grandes ciudades).
  • Herramientas de conciliación para comercios (referencias, notificaciones, automatización).

En el fondo, la pregunta ya no es si México tendrá pagos digitales, sino qué riel dominará el día a día

Este análisis forma parte de las guías y reseñas de Pasarela de Pagos en Mexico, editadas por Carlos Ponce, con enfoque en cómo los cambios en rieles como SPEI, CoDi y DiMo impactan la aceptación de pagos y la operación diaria de negocios en México.

Este artículo se apoya en cifras y estimaciones de acceso público atribuidas a Banxico, STP, CNBV y ACI Worldwide, además de información de prensa citada en el texto. Algunas métricas, en especial las proyecciones, pueden variar conforme se publiquen nuevos datos o se actualicen metodologías. Para evitar confusiones al comparar SPEI con tarjetas, “volumen” y “valor” se emplean con significados distintos.

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